Desde la comuna entienden que la pandemia puede aumentar de manera exponencial la cantidad de fallecidos. Exhortan a las entidades intervinientes a efectuar los protocolos de manejo de cadáveres con covid 19.

Desde la Subsecretaría de Regulación y Fiscalización de la Municipalidad de Resistencia, señalan que la capacidad operativa del cementerio San Francisco Solano  está colapsada y sin espacio físico para el entierro de los fallecidos. Según argumentan, la falta de capacidad se acentuó en los últimos cinco años, con promedio de 1500 inhumaciones anuales.

Desde el área que conduce Gustavo Amman consideran que el coronavirus puede potenciar la cantidad de fallecidos y que, en ese caso, el cementerio municipal no podría soportar tal demanda.

Por ello, exhortan al Ministerio de Salud provincial, los sanatorios privados, a las empresas funerarias y a los crematorios a ejecutar, cuanto antes, los protocolos de manejo de cadáveres con coronavirus.

Que el cementerio municipal está saturado, no es novedad y la necesidad de un espacio nuevo y amplio fue reconocida por propios y extraños desde hace años. Incluso hubo proyectos, anunciados con bombos y platillos de un cementerio metropolitano, donde confluirían los difuntos de Resistencia, Barranqueras, Vilelas y Fontana. La idea era realizarlo en el Parque Caraguatá, pero quedó solo en eso, una idea.

Más acá en el tiempo, en mayo del 2017. Capitanich como Intendente había anunciado la concreción de un nuevo cementerio municipal, que estaría ubicado en la ruta 11, lindante al parque Jazmín y con un tiempo de ejecución de 2 años. Capitanich dejó de ser intendente, se transformó en gobernador, pasaron tres años y la obra jamás comenzó.

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