Carta abierta a los argentinos: ¿Seremos capaces de salvarnos frente al virus?

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Por Horacio Torres – Fotógrafo, Periodista

Desde que se declaró la pandemia –más tarde o más temprano- no se hizo más que hablar de la vacunación como única solución, ninguneando y atacando otros estudios y ensayos médicos, llevados a cabo por distintos investigadores “independientes” en el mundo, con medicamentos ya conocidos para combatir con buenas expectativas el coronavirus.

Importa saber cómo comenzó todo, cuando muchos especialistas cuestionaron a China y la OMS por la falta de celeridad para el reconocimiento de la situación: “Pudieron ser más exigentes, especialmente en las etapas iniciales en la crisis cuando había encubrimiento y falta de acción”, dijo Yanzhong Huang, experto en salud global especializado en China, de la Seton Hall University.

Y no porque lo diga Huang solamente, la censura impuesta por la dictadura del Partido Comunista Chino y la persecución a quienes intentaron ejercer la libertad de prensa le costó la vida a mucha gente en el mundo. Empezando por el doctor Li Wenliang que murió después de contraer el virus mientras trataba a pacientes en Wuhan. En diciembre pasado, intentó alertar a sus colegas médicos advirtiendo sobre la presencia de un virus que creía que se parecía al SARS, otro coronavirus mortal.

Pero la policía le dijo que “dejara de hacer comentarios falsos” y fue investigado por “propagar rumores” y obligado a retractarse (igual que Galileo Galilei). El 30 de diciembre, Li le envió un mensaje a sus colegas vía chat, en el que les recomendaba usar ropa protectora para evitar contagiarse. Cuatro días más tarde, recibió una visita de funcionarios de la Oficina de Seguridad Pública, quienes le dijeron que firmase una carta.

En las primeras semanas de enero, las autoridades en Wuhan insistían en que solo aquellos que entraban en contacto con animales infectados podían contraer el virus. Las autoridades obligaron a Li a decir, en una carta, que había difundido “comentarios falsos”.
A los médicos no les dieron instrucciones para protegerse.

Entre tanto Li siguió atendiendo pacientes hasta que el 30 de enero volvió a hablar del tema en las redes sociales. “Hoy me dieron el resultado de las pruebas de ácido nucléico y es positivo. Finalmente he sido diagnosticado”, publicó. Una semana después, el 7 de febrero del 2020 falleció Li Wenliang.

Lo cierto es que 30 días después que Li Wenliang encendiera la alerta en China, la epidemia de COVID-19 fue declarada por la OMS una emergencia de salud pública de preocupación internacional el 30 de enero de 2020. La caracterización ahora de pandemia significa que la epidemia se ha extendido por varios países, continentes o todo el mundo, y que afecta a un gran número de personas.

Por si fuera poco, ahora el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) Tedros Adhanom Ghebreyesus aseguró recientemente sobre el nuevo coronavirus que “no hay una bala de plata en este momento y puede que nunca la haya” al reconocer que, si bien hay vacunas que están avanzadas, todavía no hay una única “solución” frente a la pandemia.

Sin intenciones de desanimar, seguimos esperando por la vacuna del Sida o el Cáncer, que hasta ahora no llegó. De hecho este es el tiempo de investigación que demandó el desarrollo de las vacunas para estas enfermedades:

RABIA: 4 años (1881-1885)
RUBIOLA: 7 años (1962-1969)
TOS FERINA: 8 años (1906-1914)
SARAPION : 9 años (1954-1963)
GRIPE : 14 años (1931-1945)
POLIOMIELITIS: 20 años (1935-1955)
TUBERCULOSIS: 21 años (1900-1921)
PAPERAS: 22 años (1945-1967)
HPV: 23 años (1983-2006)
HEPATITIS A: 24 años (1967-1991)

Dicho esto, las pistas que abren estos tratamientos alternativos despiertan muchas expectativas entre la gente, como lo prueba la polémica que está dividiendo la comunidad científica en Francia y otros países, a propósito de la asociación de hidroxicloroquina con azitromicina, propuesta por el profesor Didier Raoult, en Marsella.

Desde hace días circulan por las redes sociales, testimonios de algunos médicos que, como el doctor Cameron Kyle-Sydell, médico de urgencias en Nueva York, alertan sobre la ineficacia de los tratamientos clásicos que se están utilizando para salvar a los pacientes que llegan con insuficiencia respiratoria a los servicios de urgencia; este médico y otros urgentistas en el mundo entero constatan que muchos pacientes fallecen a pesar de estar bajo asistencia respiratoria “ ¿Y si nos estuviéramos equivocando de paradigma médico?” se pregunta el doctor Kyle-Sydell en un vídeo que está circulando en la redes sociales.

También el doctor Sandro Giannini que enseña en la Universidad de Bolonia, que considera haber encontrado la causa de mortalidad del Covid-19, a partir de los datos que se han reunido en toda Italia. Su idea parece bastante contundente. Los pacientes entran en reanimación con trombosis venosa generalizada y ventilar unos pulmones que no funcionan no sirve de nada. Para este galeno que cuenta con un impresionante currículo clínico, el problema no es respiratorio sino cardiovascular. En ese sentido se muestra rotundo, “ahora mismo podemos afirmar que 9 pacientes de 10 fallecen por micro trombosis venosa y no por neumonía”, aseguró en una entrevista publicada el pasado 10 de abril.

El mecanismo de formación de estos trombos es bastante conocido por la ciencia desde hace años que los trata con antinflamatorios y antibióticos. Es por eso, que el tratamiento de Didier Raoult funcionaría, no gracias a la hidroxicloroquina, sino a la azitromicina, un antibiótico de la familia de los macrólidos, que se utilizan para tratar las neumonías atípicas desde hace años. Esta particularidad explicaría igualmente la razón por la que las personas que padecen artritis reumatoide se infectan con el virus, pero no se enferman de Covid-19.

Desde la publicación de su mensaje, otros médicos, ignorando las recomendaciones estatales tanto en Bélgica como en Francia, también han suministrado antibióticos macrólidos a sus pacientes y han obtenido idénticos resultados. ¿Por qué no se divulgan?

Finalmente el doctor Harvey Risch, Profesor de Epidemiología, de Yale School of Public Health afirma: “Me ha desconcertado descubrir que en medio de una crisis, estoy luchando por un tratamiento que los datos respalden completamente pero que, por razones que no tienen nada que ver con una correcta comprensión de la ciencia, ha sido empujada a un lado. Como resultado, decenas de miles de pacientes con COVID-19 mueren innecesariamente. Afortunadamente, la situación se puede revertir fácil y rápidamente”.

“Me refiero, por supuesto, al medicamento hidroxicloroquina. Cuando este medicamento oral de bajo costo se administra muy temprano en el curso de la enfermedad, antes de que el virus haya tenido tiempo de multiplicarse más allá del control, ha demostrado ser altamente efectivo, especialmente cuando se administra en combinación con los antibióticos azitromicina o doxiciclina y el suplemento nutricional zinc”, concluyó.

Entonces si muchos médicos e investigadores del mundo dicen que obtienen resultados alentadores con la utilización y combinación de distintos medicamentos ¿Por qué seguimos esperando? Argentina no es China, si seguimos restringiendo las libertades no seremos mejores que ellos. ¿O es que queremos vivir en un mundo al que nos condenan los miedos colectivos y la irresponsabilidad de quienes tienen a su cargo el manejo de las políticas públicas?.

La Argentina, más allá de las dificultades, todavía conserva valiosos profesionales e investigadores en destacados centros como el CONICET o el Instituto Malbrán. Sean eternos los laureles que supimos conseguir. No por nada la República Argentina obtuvo 5 Premios Nóbeles como Carlos Saavedra Lamas, Bernardo Alberto Houssay, Luis Federico Leloir, Adolfo Pérez Esquivel y Cesar Milstein.

¿Sería mucho pedir en honor a la memoria de los que hicieron grande nuestra patria y a la de René Favaloro, por la vida y la salud de nuestro pueblo, que nuestros investigadores se pongan a investigar, experimentar y ensayar; para dar validación o nó a los tratamientos alternativos y salvar la vida de la mayor cantidad de argentinos posible?.

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